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Turismo de Mérida

Portada Ruta: Orillas del Guadiana

Ruta: Paseo en Torno a las Orillas del Guadiana

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El río Guadiana es el gran pulmón verde de Mérida, dividiendo en dos a la ciudad. Entre sus márgenes y las frondosas islas que se forman en el cauce pueden observarse con facilidad gran número de aves entre las que se encuentran: Garcillas Bueyeras, Cormoranes, Gaviotas Reidoras, y, por supuesto, Cigüeñas blancas.

Cerca de la más extensa de estas islas, la mayor zona verde de la ciudad, transcurre esta ruta. Se le llama “La Isla”, y se trata de un parque de casi dos kilómetros de largo que discurre entre puentes monumentales de distintas fases de la historia: el puente de hierro del ferrocarril, obra del ingeniero William Finch Festherstone, erigida entre 1881 y 1883; el espectacular Puente Lusitania, obra de Santiago Calatrava, inaugurado en 1992; el singular puente romano, que explicaremos en su momento; por último, al sur, podemos ver el Puente Nuevo, obra de Carlos Fernández Casado, uno de los más destacados ingenieros españoles del pasado siglo. Es aquí donde se fraguó nuestra ciudad y se sucedieron los momentos más cruentos de la historia local. También es esta zona donde se agolpan sin solución de continuidad varias zonas arqueológicas y donde se erige un edificio único: la Alcazaba. Por último, también se refleja en las aguas del Guadiana la nueva imagen de la ciudad con nuevos edificios salidos de los más afamados estudios de arquitectura nacionales.


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Zona Arqueológica de MoreríasComienza la ruta en la ZONA ARQUEOLÓGICA DE MORERÍAS (1), una parcela de 14 m2 que, hasta principios de la década de los años noventa del siglo pasado, ocupara el barrio humilde de Morerías, y que hoy es uno de los yacimientos arqueológicos urbanos más grandes de la península. En Morerías se conserva el tramo de muralla romana más extenso de los sacados a la luz, mostrándonos no sólo su fábrica original (cuya anchura conservada es de casi tres metros y la altura pudo llegar a ser de ocho metros) y los refuerzos que ya en momentos tardíos del Imperio se le adosaron, sino también puertas, portillos y pasos de ronda. Pero lo que nos ofrece Morerías es una clara visión de la evolución del urbanismo emeritense desde el siglo I hasta época visigoda. Vemos cómo se modifican poco a poco las calzadas porticadas, las viviendas y las manzanas en la que quedan englobadas. Y, sobre todo, la denominada Casa de “Los Mármoles”, que nos muestra toda la suntuosidad de una vivienda a finales del siglo III, la época de mayor apogeo de la ciudad.

Al salir del recinto, en la rotonda que da entrada al majestuoso Puente Lusitania (2), se puede contemplar una fuente con una réplica a tamaño natural de Augusto vestido de general de las legiones, copia fiel de la estatua en mármol hallada en Prima Porta, y que hoy se conserva en los Museos Vaticanos. Puente RomanoSi seguimos por el Paseo de Roma llegamos hasta el PUENTE ROMANO (3), uno de los más largos de la antigüedad, y cuya construcción dá sentido a la existencia de esta ciudad y, por su valor estratégico, un elemento crucial para el comercio y para todas las guerras que han tenido como escenario al occidente de la península. El puente, obra de tiempos de la fundación de la Colonia, esta construido en su integridad de hormigón forrado de sillares de granito, está hoy compuesto por sesenta arcos de medio punto, tiene casi ochocientos metros de largo y doce metros de alto en los puntos más elevados. Los robustos pilares sobre los que se asientan estos arcos presentan tajamares redondeados aguas arriba en aquellos tramos que podían ser más castigados por la corriente. Además, las pilas de estos tramos están perforadas con arquillos a modo de aliviaderos, con el fin de reducir la resistencia a la corriente de una obra tan robusta como es la de este puente.

No dejamos el puente, pues desde aquí tenemos una excelente visión de la Alcazaba emiral, del dique romano que más adelante veremos y de la Mérida actual.

Siete Sillas

Desde aquí podemos admirar como la  Mérida del presente ha ordenado su fachada al río con un significativo muestrario de nuestra arquitectura contemporánea. Así, en la margen derecha podemos ver el colosal edificio administrativo de las nuevas consejerías que Juan Navarro Baldeweg construyó sobre las ruinas de Morerías. En la margen izquierda, junto a la embocadura del puente, la Escuela de la Administración Pública, diseñada por Javier Saínz de Oiza. A su izquierda una fuente con la representación del dios Océano, obra del escultor cordobés Aurelio Teno. Entre la arboleda podemos ver otro grupo escultórico, en esta ocasión es una obra de Rufino Mesa denominada “Las Siete Sillas”. Son siete bloques de granito que simbolizan a la summa cavea del Teatro Romano como siete estantes para libros. Más al fondo, destaca la mole gris de la Biblioteca Pública del Estado “Jesús Delgado Valhondo” (5), diseñada por Luis Arranz. Y, mas allá del puente Lusitania, dos gigantescos bloques de hormigón y cristal albergan el Palacio de Exposiciones y Congresos (4). Los arquitectos Enrique Sobejano y Fuensanta Nieto idearon este original edificio como una obra en relieve, pues todo el paramento de este edificio está compuestos por cientos de placas de hormigón que reproducen la planta del conjunto arqueológico de Mérida.

Antes de entrar al recinto de la Alcazaba Árabe, en el centro de una pequeña rotonda, podemos ver una réplica de la  Loba Capitolina, regalo de la ciudad de Roma a Mérida.Alcazaba Árabe

LA ALCAZABA (6) es una gran fortaleza que fue erigida en la Márida musulmana por el emir omeya Abderramán II en el 835 de nuestra era. El encargado de trazarla fue el arquitecto Abd Allah. Para ejecutar esta Alcazaba, la más antigua de la península, éste se inspiró en modelos bizantinos. La finalidad de ese recinto fortificado era múltiple: servir como sede de las dependencias administrativas omeyas y residencia del gobernador local, pero sobre todo fue el filtro de acceso a la ciudad desde el puente romano, el refugio de la minoría árabe durante las reiteradas algaradas locales contra el poder cordobés y la plaza donde se acantonaban tropas del emir, bien para sofocar las revueltas de los mozárabes meridíes, bien para efectuar incursiones de hostigamiento en los reinos cristianos del Norte.

En el interior destaca la presencia de un aljibe, ejemplar único de la arqueología peninsular, ejecutado con piezas de arquitectura decorativa romanas y visigodas. Sobre éste se ubicó una mezquita, de la que se conserva su planta, luego convertida en iglesia. No se conserva el que fuera tercer piso de este conjunto, en el que quizá se ubicara una torre de señales.

Pocas ciudades de Hispania se urbanizaron tan a conciencia como Augusta Emerita. Una prueba más de ello es la existencia de un extenso dique de contención de aguas (7) en la margen derecha del Guadiana. Es ese recio muro con contrafuertes, con zócalo de sillares almohadillados y el resto del alzado en mampostería, que vemos prolongarse desde la Alcazaba hasta el lugar en el que se destacan las marquesinas de unos aparcamientos públicos. Originalmente el dique recorría todo el tramo de la ciudad que daba al río es decir, desde los bloques de viviendas de ladrillo que vemos al fondo hasta unos metros más allá del Puente Lusitania. Sobre un tramo del dique podemos ver como se asienta el tramo de muralla de la Alcazaba que mira al Guadiana.

Dejando la margen del río y adentrándonos al interior nos encontramos con la plaza de toros de Mérida (8), obra del insigne arquitecto badajocense Ventura Vaca, se inauguró en 1914. Durante los trabajos de cimentación del coso apareció un conjunto de esculturas romanas, algunas de ellas donadas por un importante sacerdote encargado del culto al dios Mitra.

Casa del Mitreo

En un solar contiguo a la plaza de toros, se encuentra la llamada CASA DEL MITREO (9), vivienda edificada a finales del siglo I e inicios del II d.C. fuera de las murallas de la ciudad, sin restricciones para su crecimiento. Sin duda, su extensión y la decoración de algunas de sus estancias denotan que sus propietarios fueron personajes de relevancia dentro de la sociedad emeritense, formados en la cultura helenística. En una de las habitaciones de la casa se conserva el mosaico del Cosmos. En él se representa, con gran colorido y realismo, un abigarrado conjunto de figuras humanas que vienen a representar los distintos componentes del universo conocido, partiendo de los elementos terrenos y marinos hasta llegar a los celestes, pero todos girando alrededor de una figura primordial, la de la Eternidad (Aeternitas).

Antes de dejar este espacio, nos habrá llamado la atención un grupo escultórico de bronce de dimensiones colosales que emerge al sur, tras la Casa del Mitreo. Se trata de una Piedad obra del escultor Juan de Ávalos, elevado en memoria de todos los emeritenses caídos en todas las guerras.ColumbariosDesde la Casa del Mitreo, a través de un largo corredor flanqueado por cipreses, llegamos a un espacio abierto en el que se nos muestran los distintos tipos de ritos funerarios y las variadas formas que han tenido los emeritenses de recordar a sus muertos a lo largo de la historia, estamos en los COLUMBARIOS (10). Al fondo, en una pequeña vaguada, se alzan dos edificios de pequeñas proporciones y que, originalmente, estaban desprovistos de cubierta. En estos edificios se depositaron las urnas cinerarias de sendas familias, la de los Voconios y la de los Julios. Siguiendo una vereda, al sur de este conjunto, nos encontramos con restos de dos mausoleos semisubterráneos con cubierta en bóveda de cañón, construidos en hormigón (opus caementicium). Se accedía a éstos a través de unas breves escalerillas. En su interior se aprecian los arcosolios donde pudieron depositarse las urnas cinerarias. Este conjunto funerario es del siglo I d.C.

Terminamos la ruta a pocos metros de los Columbarios, a uno de los lados de la Avenida Ensanche, por discurre la conducción hidráulica que, procedente del pantano de Cornalvo, surtía de agua a la zona sur de la ciudad. Lo conservado son restos de la caja del canal (specus), embutida en el paramento de la muralla romana, que, por el trazado, parece dirigirse hacia el lugar en el que se hallaba la torre de distribución de aguas que, posiblemente,  sea el que hoy ocupa la arena de la Plaza de Toros. De las cuatro conducciones hidráulicas que dotaron de agua a la ciudad, esta es la única de la que sabemos su nombre real, "Aqua Augusta" (11).

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